Alopecia Areata (AA) pérdida anormal de cabello

El término alopecia hace referencia a una rarefacción o pérdida anormal del cabello (sea localizada o generalizada, temporal o definitiva). Existen varias clasificaciones de la enfermedad y un abordaje para cada tipo. Uno de los tipos de alopecia es la alopecia areata (AA), consiste en la ausencia localizada de pelo en una zona del cuerpo y generalmente se manifiesta como placas redondeadas y de tamaño variable ubicadas en áreas como el cuero cabelludo, cejas, pestañas, barba y en ocasiones extremidades, pubis y otras.

Característicamente la piel afectada tiene un aspecto normal, no existe inflamación, enrojecimiento, descamación ni otro tipo de anomalías; es decir, en el interior de estas placas la piel mantiene los orificios foliculares, pero sin pelo. Además, en el borde de la placa suelen observarse pelos cortos, delgados hacia arriba y anchos hacia abajo, lo cual permite diferenciarla de otras alopecias. Estos folículos están en un estado de “adormecimiento”, pero están vivos y en cualquier momento pueden reanudar su actividad al recibir un estímulo o señal apropiada, inicialmente con algunos cabellos finos y blancos, que posteriormente se pigmentan y lentamente aumentan en grosor, longitud y número.

Se calcula que la AA afecta a cerca del 2% de la población general, puede presentarse en ambos sexos y aparecer en cualquier grupo etario, aunque se producen más casos en personas jóvenes o de edad media. Además, se pueden presentar uno o varios brotes a lo largo de la vida.

La AA es una enfermedad considerada de origen multifactorial, es decir, existen diversas condiciones o estímulos que pueden influir en su aparición. Aproximadamente uno de cada cinco pacientes tiene antecedentes familiares de la enfermedad por lo que se postula que existe predisposición genética. También parece estar implicada la inflamación neurogénica, que provoca activación de los nervios del dolor o inflamación local. Otros factores precipitantes pueden incluir estrés emocional, enfermedades concomitantes, infecciones virales, malos hábitos nutricionales y el consumo de ciertos medicamentos.
Se ha comprobado que se desarrolla por un mecanismo autoinmune, pues se produce una acumulación de células propias denominadas linfocitos alrededor de los folículos pilosos, provocando un freno en el desarrollo del pelo y su posterior caída. Los genes implicados en la AA también están asociados a otras enfermedades autoinmunes, por lo cual es fundamental una valoración oportuna por el especialista para efectuar estudios adicionales según cada caso en particular.

Existen varios tipos de AA, siendo los más comunes: en placa única, en placas múltiples, total (la cual compromete todo el cuero cabelludo) y universal (la afección se extiende a todo el pelo del cuerpo, incluido el vello axilar, púbico, cejas y pestañas).

Existen otros diagnósticos que deben diferenciarse de la alopecia areata, algunos son la tricotilomanía (hábito de arrancarse el cabello), la tiña capitis (infección por hongos), sífilis secundaria y otras alopecias autoinmunes (lupus, liquen plano, etc.)
La enfermedad no es contagiosa y por si misma no tiene consecuencias graves en el individuo, salvo desde el punto de vista psicológico. Es usual que se alternen largos periodos de mejoría con otros de exacerbación.
La elección del tratamiento adecuado para cada caso en particular lo elige el dermatólogo considerando varios factores como la extensión y tiempo de evolución de las lesiones, edad del paciente, repercusión en calidad de vida, localización anatómica, entre otros.

En casos leves y descartando otros tipos de alopecia y enfermedades asociadas suelen emplearse productos y medicamentos tópicos en forma de lociones, espumas o champús. Cuando el compromiso es más severo o el impacto emocional es grave, pueden asociarse tratamientos orales, terapia psicológica y medicamentos intralesionales (es decir, “inyectados” por el especialista directamente en las zonas afectadas)

Es importante conocer que a pesar de que alrededor del 10% de los enfermos presentan un compromiso severo o muy severo, cerca del 50% de las personas afectadas recuperan el crecimiento del pelo en las zonas afectadas en menos de un año incluso sin ningún tipo de tratamiento.

De cualquier forma, la evolución de la enfermedad es impredecible y muy variable. Además, se recalca que es fundamental evitar la automedicación y consultar de forma oportuna el especialista para iniciar los estudios y tratamiento pertinentes.

Dr. Mario Fernando Franco G.

Médico Dermatólogo