Fototerapia

El empleo terapéutico de la luz se conoce desde la historia antigua de la humanidad pues existen registros en diferentes culturas sobre sus potenciales aplicaciones para el tratamiento de ciertas condiciones médicas.

En épocas más recientes se hablaba de la helioterapia o luminoterapia como complemento al manejo de pacientes con enfermedades del sistema osteomuscular, de la piel, infecciosas, entre otras, aprovechando los beneficios de una exposición controlada a los rayos solares.

Posteriormente, con los avances de la ciencia comenzó a estudiarse el llamado espectro electromagnético como un conjunto de ondas visibles e invisibles con diferentes características, dentro del cual se encuentra la radiación ultravioleta (UV) cuya intensidad se mide según su longitud de onda y se clasifica en UV-A, UV-B y UV-C, las tres son emitidas por el sol y tienen diferentes efectos sobre los seres humanos, siendo la UV-C la más dañina pero afortunadamente es absorbida por la capa de ozono de la atmósfera terrestre.

En la fototerapia se emplean equipos especializados que emiten únicamente la porción del espectro de radiación UV (A y B) que ha demostrado utilidad en el manejo de algunas enfermedades dermatológicas aprovechando sus efectos antiinflamatorios. Por consiguiente, se cuenta con fototerapia UV-A y UV-B, cada una con ciertas variantes (como la denominada fotoquimioterapia en la cual se combina la radiación UV con el uso de productos tópicos u orales).

En el tratamiento, la luz ultravioleta es emitida por lámparas especiales y posteriormente es absorbida por sustancias específicas llamadas cromóforos endógenos. Las reacciones químicas resultantes entre la luz y la piel causan complejas modificaciones en las células que pueden ser aprovechadas ventajosamente en el tratamiento de enfermedades tales como psoriasis, vitiligo, linfomas cutáneos, dermatitis atópica, líquen plano, entre muchas otras que usualmente tienen en común ser crónicas y no responden fácilmente a un solo esquema terapéutico, de ahí la utilidad de la fototerapia como coadyuvante en dichos manejos.

Usualmente las lámparas se incorporan en cámaras con tamaño suficiente para que el paciente ingrese en ellas y permanezca sometido a la radiación UV con una intensidad y tiempo previamente establecidos y programados en el equipo según el caso, protegiendo adecuadamente áreas especiales del cuerpo (ojos, mamas y zona genital). También se cuenta con equipos de menor tamaño cuando únicamente se requiere tratar zonas específicas como manos y pies.