La Piel del Adulto Mayor

Con el paso del tiempo, los diferentes órganos y sistemas del cuerpo humano sufren un deterioro progresivo cuya velocidad varía en función de cada individuo.

Es en la piel en donde mejor se evidencia dicho fenómeno que comprende tanto el cronoenvejecimiento (envejecimiento biológico) como el  fotoenvejecimiento (alteraciones debidas a la exposición crónica al sol). Los efectos dermatológicos del envejecimiento se asocian a varios factores que incluyen alteraciones funcionales y estructurales de la piel, el efecto acumulativo de la radiación ultravioleta, la exposición a químicos y tóxicos ambientales, tabaquismo, nutrición inadecuada, alteraciones cutáneas debidas a deterioro de otros órganos, asociación de enfermedades crónicas, exposición prolongada o repetitiva a múltiples fármacos, entre otros.

Conozcamos las alteraciones Dermatológicas más frecuentes

Arrugas o rítides:   junto con el encanecimiento, son los signos más evidentes del envejecimiento. Son más prominentes en áreas de mayor exposición solar (rostro, cuello, manos) y dependen de factores genéticos y ambientales. Representan deterioro en las fibras de colágeno y adelgazamiento de la dermis y tejido celular subcutáneo.

Xerodermia: también denominada asteatosis, se manifiesta como piel seca, áspera y escamosa. Es una de las alteraciones más frecuentes en la piel de adultos mayores que favorece enormemente el prurito. Tiende a acentuarse en las extremidades y en climas fríos. Se debe a una reducción del  contenido de agua y de los lípidos superficiales de la piel.

Púrpura actínica o “senil”: se manifiesta como manchas rojo-violáceas que aparecen especialmente en el dorso de los antebrazos y las manos y se deben a un adelgazamiento de la piel expuesta crónicamente al sol e implica alteraciones a nivel de la microcirculación que causa ruptura de los vasos sanguíneos con traumas mínimos.

Alopecia e hipertricosis: debido a factores hormonales, la pérdida capilar (calvicie) se acentúa con mayor frecuencia en los hombres, aunque un importante porcentaje de mujeres mayores manifiesta pérdida de cabello con un patrón característico y paradójicamente aparición de vello facial (especialmente en labio superior y mentón), debido al incremento de los andrógenos (hormonas sexuales masculinas) suprarrenales luego de la menopausia.

Cambios ungueales: el engrosamiento de las uñas es frecuente y puede llegar a casos de deformidad extremos (onicogrifosis). Además, existe una alta frecuencia de onicomicosis (infección por hongos) debido a problemas circulatorios, inmunológicos, mala higiene, etc. También es frecuente la onicocriptosis (“uña encarnada”) principalmente por mala técnica de corte.

Erupciones por medicamentos: es usual que los adultos mayores estén expuestos en forma prolongada a la ingesta simultánea de múltiples fármacos y a la automedicación, causando reacciones alérgicas potencialmente graves que deben ser identificadas a tiempo.

 Enfermedades infecciosas:   en éste grupo de pacientes existe un aumento en algunas condiciones como el herpes zoster o “culebrilla” (más de dos tercios de los casos aparecen después de la quinta década), micosis cutáneas, infecciones de tejidos blandos (erisipela, celulitis), escabiosis, entre otros.

 Enfermedades ampollosas: el penfigoide ampolloso, que es raro antes de los 55 años, es la principal enfermedad de éste tipo en el grupo etario en mención. Requieren manejo especializado y cuidadoso por sus potenciales complicaciones.

Prurito: este síntoma (“rasquiña” o comezón”) es muy común en los adultos mayores y en un porcentaje no despreciable de los pacientes se relaciona con alguna enfermedad como insuficiencia renal crónica, hipotiroidismo, diabetes, linfomas, leucemia, alteraciones hematológicas, enfermedades hepáticas y consumo de ciertos medicamentos. Todo paciente mayor de 65 años con un prurito generalizado sin erupción cutánea evidente debe ser estudiado para descartar las posibilidades mencionadas.

Tumores cutáneos: la incidencia de tumores cutáneos benignos y malignos aumenta considerablemente con la edad, debido a alteraciones estructurales y funcionales de las células de la piel dadas por el envejecimiento biológico y también por la acción nociva de la radiación ultravioleta. Entre los tumores benignos, los más frecuente son las queratosis seborreicas, los puntos rubíes (denominados así por su color rojizo), los léntigos (“manchas”) solares y los acrocordones o fibromas laxos que suelen aparecer especialmente en pliegues como cuello y axilas. También son mucho más comunes las queratosis actínicas (lesiones “precancerosas” debidas a la exposición solar crónica), los carcinomas basocelulares y escamocelulares, el léntigo maligno y el melanoma maligno invasivo que corresponde a uno de los tumores más agresivos de la piel.

Dermatitis por estasis y úlceras vasculares: son alteraciones comunes, especialmente en las piernas. Se deben a alteraciones del sistema circulatorio periférico y se manifiestan con cambios de coloración y textura de la piel y aparición de heridas de tamaño variable que predominan cerca de los tobillos, pueden sobreinfectarse y tienden a ser crónicas y acompañarse de inflamación (linfedema) y dolor local.  El compromiso del sistema venoso es el más común que el arterial pero éste último tiende a ser más grave.

Recomendaciones generales para el cuidado de la piel en el adulto mayor

  • Al igual que en cualquier individuo es fundamental evitar quemaduras solares, usar protector de buena calidad y prendas de vestir adecuadas (sombrero, manga larga etc.) especialmente entre las 10 a.m. y las 3 p.m.
  • Por los cambios descritos propios de la edad, los baños deben ser cortos, con agua templada e idealmente con agentes limpiadores libres de jabones y detergentes (syndets). Se recomienda evitar fricción y secado vigorosos ya que pueden inflamar la piel y acentuar la xerosis ya presente en la mayoría de estos pacientes.
  • Es fundamental la aplicación de productos emolientes/hidratantes (cremas, ungüentos o lociones) recomendados por el dermatólogo como mínimo dos a tres veces al día.
  • El corte y arreglo de las uñas debe ser realizado por una persona idónea (especialmente en pacientes diabéticos o con problemas circulatorios).
  • Debe prestarse especial atención a los pacientes con alteraciones en la movilidad y que requieran permanecer en cama o silla de ruedas para evitar la aparición de úlceras en zonas de presión.
  • Es importante evitar a toda costa la automedicación
  • Se sugiere una revisión anual de la piel en UDL para detectar lesiones sospechosas nuevas o cambios en las preexistentes. Contamos con la academia, experiencia y recurso tecnológico para prevenir, controlar y tratar las afecciones de la piel en el adulto mayor.