Lunares, lo que debe saber

Lunares (Nevus Melanocíticos)

LUNARES (NEVUS MELANOCÍTICOS)

La palabra “nevo” deriva del latín naevus que significa “marca de nacimiento” y se emplea en dermatología para referirse a formaciones de la piel presentes en prácticamente la totalidad de los seres humanos, las cuales dependen de factores genéticos y ambientales, entre otros. Como dato curioso, el término “lunar” comenzó a emplearse antes de que se conociera su naturaleza y origen, pues el saber popular les atribuyó su aparición a la influencia de la luna en la piel y no a factores intrínsecos del organismo humano.

El número total de nevus aumenta con la edad y presenta crecimiento rápido en la pubertad y adolescencia, con un pico máximo en la tercera década de la vida, aproximadamente alrededor de los 25 años de edad; posteriormente, la cantidad de “lunares” tiende a disminuir. En el embarazo también pueden notarse cambios en el aspecto de los nevus melanocíticos.

Se presentan en ambos sexos y se ha observado que las personas con piel clara y con mayor exposición al sol tienen más nevus que las personas con piel oscura. Su importancia clínica que motiva la consulta con el especialista en dermatología radica en los problemas estéticos que pueden originar, fenómenos de irritación o inflamación locales, la posible asociación con enfermedades sistémicas, cambios morfológicos (forma, color, tamaño) y en algunos casos su asociación con melanoma (tipo de cáncer de piel).

El diagnóstico es usualmente clínico, aunque es fundamental el concepto del médico dermatólogo y el uso de técnicas como la dermatoscopia, pues muchos pacientes suelen denominar (en ocasiones erróneamente) “lunar” a cualquier punto, mancha o protuberancia pigmentados en la piel (de hecho, no todos los nevus son necesariamente oscuros). Además, hallazgos como el picor o enrojecimiento locales son asociados por el individuo con una posible transformación maligna y por el contrario se subestiman aquellos asintomáticos y se pasan por alto lesiones cutáneas malignas que se confunden peligrosamente con “lunares”.

Los lunares aumentan con la edad

Existen dos tipos de nevus melanocíticos:

Congénitos:
Están presentes al momento del nacimiento o pocas semanas después y se detectan en cerca del 1% de los recién nacidos.

Adquiridos:
Mucho más frecuentes, aparecen durante la infancia o a lo largo de la adolescencia e incluso en la edad adulta.

Por lo general, los nevus melanocíticos no requieren tratamiento de rutina, excepto aquellos con implicaciones estéticas importantes o especialmente con hallazgos clínicos anormales, considerando la regla del ABCDE (asimetría, bordes, color, diámetro y evolución); siempre en el contexto de un examen minucioso efectuado por el médico dermatólogo, quien está capacitado para dar una explicación adecuada al paciente y definir la técnica de extirpación, en caso de ser requerida y la necesidad de efectuar un estudio de patología. Además, cabe aclarar que es inevitable una cicatriz residual.

Finalmente, se sugiere consultar oportunamente los dermatólogos de UDL en caso de notar:
“lunares” nuevos anormales o cambios relevantes en los existentes.

Efectuar un autoexamen cutáneo periódico, especialmente en zonas corporales de difícil exploración como son las plantas de los pies, piel cabelluda, espalda, zona genital etc.

La toma de fotografías también puede ser de gran utilidad para el seguimiento.

Evitar la exposición solar en horarios inadecuados y motivar el uso diario de prendas de vestir protectoras y por supuesto de un buen bloqueador solar; éstos reducen la potencial malignización de los nevus y también la aparición de cáncer de piel en zonas previamente sanas.