Vitiligo

Se trata de un trastorno adquirido cronico de la pigmentación que se manifiesta con la aparición de manchas blancas en la piel, generalmente asintomáticas y progresivas. Se clasifica como una enfermedad autoinmune, es decir que las células encargadas de dar color a la piel (melanocitos) se “autodestruyen” y pierden su función por mecanismos parcialmente comprendidos.

Se ha identificado una predisposición genética y un componente hereditario (cerca del 20% de los pacientes con vitiligo tienen algún familiar de primer grado con la enfermedad), la cual se “dispara” con factores externos y psicológicos.

Generalmente causa un gran impacto emocional en las personas  afectadas pues suele comprometer zonas críticas como la cara, areolas, orificios naturales,  pliegues axilares e inguinales, manos, pies y área genital.

Es una enfermedad con igual prevalencia en ambos sexos y es común en todas las razas, aunque lógicamente es más notoria en las personas de piel oscura.  La mayoría de los pacientes con vitíligo lo desarrollan antes de la cuarta o quinta década de vida e incluso puede aparecer en niños pequeños.

No existe riesgo alguno de contagio pues no es una alteración infecciosa y puede tener múltiples presentaciones clínicas según sea el compromiso cutáneo (focal, segmentario, unilateral, bilateral, generalizado etc.) y en algunos casos se asocia con alteraciones tiroideas, hematológicas o de otro tipo por lo cual el especialista debe evaluar cada caso de manera individual para definir la necesidad de estudios adicionales.

El diagnóstico es principalmente clínico pues los cambios son característicos y se hacen más evidentes al inspeccionar la  piel con una lámpara especial (luz de Wood), la cual permite diferenciarlo de otras alteraciones de la pigmentación.  Puede comprometer los tallos pilosos de las zonas afectadas, fenómeno conocido como poliosis (“canas”). Si existan dudas diagnósticas pueden requerirse otros exámenes (biopsia de piel, estudio micológico, entre otros)

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El curso de la enfermedad es impredecible, e incluso existen casos que mejoran o se estabilizan de manera ostensible aún sin tratamiento (lo cual desafortunadamente es aprovechado por personas inescrupulosas que ofrecen “curar” el vitíligo).

La terapia debe ser coordinada por un especialista y es en general combinada y a largo plazo e incluye: el uso de protectores solares adecuados, medicamentos tópicos (aplicados sobre la piel), productos orales (vitaminas, antioxidantes, fenilalanina), fototerapia, manejo quirúrgico (mini-injertos), técnicas de camuflaje, terapia de despigmentación en casos muy severos, soporte psicológico, entre otros.

Finalmente se recalca la importancia de evitar la automedicación en caso de sospechar que se padece la enfermedad. Consúltenos en UDL para estudiar cada caso de forma individual, resolver las dudas y ofrecer un esquema terapéutico adecuado que busque abordar integralmente la condición para estabilizar en la medida de lo posible su progresión y en algunos casos conseguir una aceptable repigmentación, minimizando los riesgos para el paciente.